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20 de agosto de 2026 · Actualizado el 28 de agosto de 2026

Qué es un trauma y cómo afecta al presente

Guida Timoner Rosal · Psicóloga General Sanitaria · Núm. Col. B-03264

Un árbol muestra una antigua cicatriz en su tronco, rodeado de raíces y musgo en un bosque tranquilo. La imagen simboliza cómo una experiencia del pasado puede dejar una huella que sigue influyendo en el presente.

Un trauma no siempre viene de una catástrofe. Te contamos qué es, cómo puede seguir afectando al presente y cómo se trabaja en terapia.

Cuando pensamos en un trauma, casi siempre imaginamos algo grande: un accidente, una agresión, una catástrofe. Pero un trauma psicológico es un concepto más amplio de lo que parece a primera vista. Puede nacer de un único suceso desbordante, sí, pero también de la acumulación de experiencias difíciles que nunca llegaron a procesarse del todo. Si notas que ciertas situaciones te generan reacciones que no sabes bien de dónde vienen, este artículo puede ayudarte a entender qué está pasando.

Aquí vemos qué es un trauma desde la psicología, por qué no hace falta un suceso catastrófico para que deje huella, y de qué manera puede seguir presente en el día a día años después, aunque parezca ya superado.

¿Qué es un trauma psicológico?

Un trauma psicológico es una experiencia que desborda la capacidad de una persona para procesarla emocionalmente en el momento en que ocurre. Esa experiencia deja una huella que puede seguir activándose en el presente, incluso años después de que el suceso original haya terminado. El trauma no depende solo de lo que pasó, sino de cómo lo vivió el sistema nervioso: dos personas pueden atravesar la misma situación y salir de ella de forma muy distinta, según su historia, sus apoyos y los recursos con los que contaban en ese momento.

Trauma con "T" mayúscula y trauma con "t" minúscula

En psicología es habitual distinguir entre dos tipos de trauma. El trauma con "T" mayúscula agrupa los sucesos que la mayoría reconocería como graves: un accidente serio, una agresión, una catástrofe natural, la guerra. El trauma con "t" minúscula incluye experiencias menos visibles pero igualmente significativas: la humillación repetida, el abandono emocional, crecer sin que las propias emociones fueran validadas, o vivir en un entorno de tensión constante. Uno no es más real que el otro; lo que importa es el impacto acumulado en la persona, no la magnitud del hecho a ojos de quien mira desde fuera.

Los estudios sobre experiencias adversas en la infancia respaldan esta idea. El estudio ACE, realizado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) junto con Kaiser Permanente entre 1995 y 1997 con más de 17.000 personas, encontró que casi dos tercios de los participantes habían vivido al menos una experiencia adversa en la infancia, y más de una de cada cinco había vivido tres o más. Cuantas más experiencias de este tipo se acumulan, mayor es el riesgo de problemas de salud física y mental en la edad adulta.

Cómo el trauma no procesado se cuela en el presente

Un trauma que no se ha podido procesar no se queda quieto en el pasado. Puede aparecer en forma de reacciones desproporcionadas ante situaciones que, en apariencia, tienen poca importancia: un tono de voz, una fecha del calendario, un olor concreto. También puede manifestarse como evitación de lugares, personas o conversaciones que recuerdan al suceso, como hipervigilancia (la sensación de estar siempre alerta, como si el peligro pudiera volver) o como dificultad para confiar y sentirse a salvo, incluso en vínculos seguros. Quien lo vive no siempre relaciona estas reacciones con su origen: a menudo solo nota que algo se dispara, sin entender del todo por qué.

El cuerpo también recuerda

El trauma no se guarda solo en los recuerdos conscientes. El psiquiatra Bessel van der Kolk mostró ya en los años noventa que las experiencias traumáticas quedan también registradas en la memoria corporal, expresándose en cambios de la respuesta de estrés del organismo. Esto explica por qué, ante un recuerdo o una situación relacionada, el cuerpo puede reaccionar (taquicardia, tensión muscular, un nudo en el estómago) antes incluso de que la mente termine de identificar qué está pasando.

Trauma y estrés postraumático (TEPT): ¿es lo mismo?

No todo trauma deriva en un trastorno de estrés postraumático, aunque ambos están relacionados. Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 70 % de la población mundial vivirá en algún momento un suceso potencialmente traumático, pero solo un 5,6 % de las personas expuestas desarrolla TEPT. A lo largo de la vida, se estima que un 3,9 % de la población mundial ha tenido este trastorno en algún momento. El TEPT implica revivir el suceso de forma intrusiva, evitar lo que lo recuerda y mantener un estado de alerta que interfiere en el día a día; el trauma, en un sentido más amplio, puede dejar huella sin llegar a cumplir estos criterios diagnósticos.

Herramientas para trabajar el trauma en terapia

En terapia, trabajar el trauma no consiste en "borrar" lo ocurrido, sino en ayudar a que ese recuerdo deje de estar tan activado en el presente. En Alenar combinamos herramientas de distintos enfoques según cada persona y su historia. El EMDR o el IFS son algunas de ellas, junto con el trabajo desde el cuerpo, la terapia sistémica o los enfoques centrados en el apego. No hay una única técnica válida para todos los casos: lo que funciona depende de la persona, de su ritmo y de lo que necesita en cada momento del proceso.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

No hace falta esperar a estar en crisis para consultar. Si notas que un recuerdo o una experiencia sigue condicionando tus relaciones, tu forma de descansar o tu manera de estar en el mundo mucho tiempo después de que ocurriera, puede ser buen momento para hablarlo con un profesional. Lo mismo si te cuesta identificar de dónde vienen ciertas reacciones intensas, o si evitas cada vez más situaciones cotidianas por miedo a que algo se dispare. Pedir apoyo no es una señal de debilidad: es una forma de cuidarte y de dejar de sostener esa carga en soledad.

Reconocer que algo de lo que llevas dentro puede tener origen en una experiencia traumática, grande o pequeña, ya es un paso importante. No hace falta cargar con esto en solitario. Si quieres explorar cómo puede ayudarte la terapia, puedes conocer los servicios de psicoterapia de adultos de Alenar o ponerte en contacto cuando lo necesites.

Preguntas frecuentes

¿Un trauma siempre viene de un suceso grave?

No necesariamente. Puede originarse en experiencias adversas repetidas o desatendidas, no solo en un único evento catastrófico.

¿Por qué a veces reacciono de forma desproporcionada sin saber por qué?

Porque el trauma queda registrado también en la memoria corporal y puede activarse ante estímulos que recuerdan, aunque sea de forma indirecta, a la experiencia original.

¿Trauma y TEPT son lo mismo?

No. El TEPT es un trastorno con criterios diagnósticos específicos; el trauma, en un sentido más amplio, puede dejar huella en una persona sin llegar a cumplir esos criterios.

¿Se puede superar un trauma del todo?

Se puede aprender a que el trauma deje de interferir en el día a día, aunque el recuerdo siga formando parte de la historia de la persona.

¿Qué herramientas se usan en terapia para trabajar el trauma?

Existen varias, como el EMDR, el trabajo desde el cuerpo o los enfoques centrados en el apego. En un proceso integrador se eligen según cada persona y su momento.