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16 de julio de 2026 · Actualizado el 24 de julio de 2026

Terrores nocturnos en niños: qué son y cómo actuar

Guida Timoner Rosal · Psicóloga General Sanitaria · Núm. Col. B-03264

Un bosque nocturno cubierto de niebla, atravesado por un haz de luz. Simboliza la calma que permanece incluso en los momentos de mayor inquietud.

Qué son los terrores nocturnos en niños, en qué se diferencian de las pesadillas y qué puedes hacer durante un episodio, con la mirada integradora de Alenar.

Son las dos de la madrugada y tu hijo se ha incorporado en la cama con los ojos abiertos, gritando y con el cuerpo en tensión. No te reconoce, no responde cuando le hablas y, por mucho que lo intentes, cuesta calmarlo. A la mañana siguiente no recuerda nada de lo ocurrido. Si esta escena te resulta familiar, es probable que hayas presenciado un terror nocturno, uno de los episodios del sueño infantil que más asustan a las familias, aunque en la inmensa mayoría de los casos sea benigno y pasajero.

En este artículo te contamos qué son los terrores nocturnos, en qué se diferencian de las pesadillas, por qué aparecen sobre todo entre los 3 y los 7 años, qué puedes hacer mientras dura un episodio y en qué momento tiene sentido pedir apoyo profesional.

¿Qué son los terrores nocturnos?

Los terrores nocturnos son episodios de despertar parcial que ocurren durante las fases más profundas del sueño no REM, casi siempre en el primer tercio de la noche, entre la medianoche y las dos de la madrugada. El niño puede incorporarse de golpe, gritar, sudar y mostrar una expresión de pánico, pero en realidad sigue dormido: no reconoce a quien tiene delante y, al despertar por la mañana, no guarda memoria de lo sucedido, según explica la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (MedlinePlus).

Cada episodio suele durar entre unos minutos y un cuarto de hora, y termina cuando el niño recupera un sueño tranquilo por sí mismo, casi siempre sin haber llegado a despertar del todo.

Terrores nocturnos y pesadillas: diferencias clave

Es habitual confundirlos, pero son dos fenómenos distintos que ocurren en momentos diferentes de la noche:

  • Fase del sueño: el terror nocturno ocurre en sueño profundo no REM; la pesadilla, en fase REM, más ligera y asociada a los sueños con contenido narrativo.
  • Momento de la noche: el terror aparece en la primera mitad de la noche; la pesadilla, más avanzada la madrugada.
  • Contacto con el adulto: durante un terror, el niño no busca consuelo y a veces se resiste a que lo abracen; tras una pesadilla, sí busca a un adulto y se deja calmar.
  • Recuerdo al día siguiente: de un terror nocturno no queda memoria; de una pesadilla, el niño suele recordar el sueño con bastante detalle.

¿Por qué ocurren y a qué edad son más frecuentes?

Todavía no hay una causa única identificada, pero sí varios factores que aumentan la probabilidad de que se presenten: la fiebre, la falta de sueño y los periodos de tensión emocional, estrés o conflicto. También parece existir cierta predisposición familiar.

Son más frecuentes de lo que parece: se calcula que hasta un 30 % de los niños vive algún terror nocturno en algún momento de la infancia, sobre todo entre los 3 y los 7 años. En adultos son mucho más raros, según una revisión de la National Library of Medicine de Estados Unidos (NCBI).

La buena noticia es que casi siempre remiten solos: la mayoría de los niños los supera con el crecimiento, y los episodios tienden a espaciarse y desaparecer a partir de los 10 años.

Qué hacer en el momento (y qué conviene evitar)

Lo primero es recordar que, aunque parezca angustiante, un terror nocturno no supone ningún peligro médico para el niño. Estas pautas pueden ayudarte a acompañar el episodio:

  • Mantén la calma y quédate cerca, aunque el niño no reaccione a tu presencia.
  • Asegura el espacio: retira objetos con los que se pueda golpear y evita que se caiga de la cama.
  • Habla en voz baja y evita sujetarlo con fuerza: un niño que vive un terror nocturno solo necesita que lo tranquilicen, no que lo despierten.
  • Espera a que pase: la mayoría de los episodios se resuelven solos en unos minutos, sin que el niño llegue a despertar del todo.

Conviene evitar despertarlo de golpe, ya que puede prolongar la confusión y aumentar su desorientación. Tampoco hace falta preguntarle al día siguiente qué le asustó: como no guarda memoria del episodio, insistir solo puede generarle una preocupación que antes no tenía.

Cuándo hablar con un profesional

En la mayoría de los casos, los terrores nocturnos no requieren tratamiento. Tiene sentido buscar valoración profesional si los episodios se repiten con mucha frecuencia, interrumpen el descanso de forma habitual, van acompañados de otros síntomas o llegan a causar, o casi causar, una lesión. También conviene consultar si coinciden con una etapa de mucho estrés o cambios importantes en la vida del niño o la niña.

La mirada de Alenar

Desde la psicoterapia infantojuvenil, cuando un terror nocturno se repite de forma llamativa solemos mirar más allá del propio sueño: qué está viviendo el niño o la niña en ese momento, cómo duerme el resto de la familia, si hay algún cambio reciente (una mudanza, el inicio del colegio, una separación) que pueda estar generando tensión emocional. Trabajamos con la familia como parte del proceso, combinando recursos como el juego, herramientas para regular la activación antes de dormir o pautas de rutina de sueño, siempre adaptadas a cada niño y a cada casa.

Ver a tu hijo o hija en mitad de un terror nocturno impresiona, aunque en la mayoría de los casos no hay nada que arreglar: es una fase del sueño infantil que suele resolverse sola. Si los episodios se repiten mucho, te generan dudas o coinciden con una etapa especialmente difícil en casa, en Alenar podemos acompañaros. Puedes contactar con nosotras y contarnos qué está pasando.

Preguntas frecuentes

¿Debo despertar a mi hijo o hija durante un terror nocturno?

No es necesario ni recomendable. Es mejor quedarte cerca, asegurarte de que está a salvo y esperar a que el episodio pase por sí solo; despertarlo de golpe puede alargar la confusión.

¿Los terrores nocturnos indican que algo va mal?

En la mayoría de los casos no. Son un fenómeno común del desarrollo del sueño infantil y no suelen relacionarse con ningún problema grave, aunque la fiebre, el cansancio o el estrés pueden favorecerlos.

¿A qué edad desaparecen los terrores nocturnos?

Son más frecuentes entre los 3 y los 7 años y la mayoría de los niños los supera de forma natural a partir de los 10.

¿Pueden estar relacionados con el estrés del niño o la niña?

Sí, los periodos de tensión emocional o los cambios importantes en su vida pueden hacer que aparezcan con más frecuencia, aunque no siempre hay un desencadenante identificable.

¿Los terrores nocturnos son hereditarios?

Parece existir cierta predisposición familiar: es más probable que un niño los tenga si algún familiar cercano también los sufrió de pequeño.