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4 de julio de 2026

TDAH en niños y adolescentes: señales y cómo acompañar

Guida Timoner Rosal · Psicóloga General Sanitaria · Núm. Col. B-03264

Remolino de hojas sobre agua tranquila que simboliza cómo la atención y los estímulos se reorganizan constantemente en el TDAH.

El TDAH es uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes en la infancia. Te contamos qué es, sus señales en niños y adolescentes, los mitos más comunes y cómo acompañar desde casa.

Si has llegado hasta aquí es probable que algo en el día a día de tu hijo o hija te haya hecho parar y preguntarte qué está pasando. Puede que en el colegio os hayan sugerido consultarlo, o que simplemente notéis que las rabietas, la dificultad para concentrarse o el exceso de movimiento no encajan con lo que esperabais. El TDAH es uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes en la infancia y la adolescencia, y entenderlo bien ayuda a acompañar mejor, sin culpa y sin alarmismo.

En este artículo explicamos qué es el TDAH más allá del tópico del "niño inquieto", cómo puede manifestarse en la infancia y en la adolescencia, qué mitos conviene dejar atrás y qué papel puede tener la psicología en el proceso, tanto para el niño o la adolescente como para el resto de la familia.

¿Qué es el TDAH?

El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la atención, el control de impulsos y, en algunos casos, la actividad motora. No es un problema de conducta ni de falta de voluntad: el cerebro de una persona con TDAH procesa la información de forma diferente. Está reconocido tanto en la CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud como en el DSM-5 de la Asociación Americana de Psiquiatría.

En España, distintos estudios sitúan la prevalencia del TDAH en la población infantil y adolescente en torno al 6,8 %, aunque solo alrededor de un 3 % llega a tener un diagnóstico formal y apenas un 1 % recibe tratamiento (Catalá-López y colaboradores, datos recogidos por la Agencia SINC). A nivel global, una revisión sistemática con metaanálisis reciente sitúa la prevalencia en niños y adolescentes en torno al 7,2 %. Con estas cifras, el TDAH es uno de los trastornos del neurodesarrollo más comunes en la infancia, muy lejos de ser una rareza o una moda diagnóstica.

Las tres presentaciones del TDAH: no solo niños inquietos

El TDAH no tiene una única cara. En consulta se reconocen tres presentaciones clínicas. La hiperactiva-impulsiva es la más reconocible: movimiento constante, dificultad para permanecer sentado, interrumpir conversaciones o juegos, esperar el turno le cuesta especialmente. La inatenta es más discreta: dificultad para mantener la atención en tareas que no resultan estimulantes, olvidos frecuentes, desorganización, sin que se note ninguna hiperactividad desde fuera. Y la combinada, la que se diagnostica con más frecuencia, mezcla rasgos de las dos anteriores.

La presentación inatenta suele pasar más desapercibida. De hecho, las niñas con TDAH presentan este subtipo con más frecuencia que los niños, en torno al 30 % frente al 16 %, según estudios sobre diferencias de género en TDAH. Al ser una forma más silenciosa, menos disruptiva en el aula, muchas niñas llegan a un diagnóstico más tarde o no llegan nunca. Durante años se las describe como "despistadas" o "en su mundo", cuando en realidad lo que tienen delante es un TDAH que nadie se ha parado a mirar.

Señales en la infancia y en la adolescencia

En la infancia, las señales más habituales incluyen dificultad para seguir instrucciones con varios pasos, perder objetos con frecuencia, moverse en exceso en el aula o en casa, y pasarlo mal esperando su turno en juegos o conversaciones.

En la adolescencia, el TDAH cambia de forma. La hiperactividad motora visible tiende a suavizarse y aparece más como inquietud interna: dificultad para organizarse con los estudios, procrastinación, impulsividad en decisiones cotidianas y, a menudo, una sensación de "no llegar a nada" que puede desgastar la autoestima con el tiempo.

Ninguna de estas señales, por separado, equivale a un diagnóstico. El TDAH se diagnostica de forma clínica, valorando el conjunto de síntomas, su persistencia en el tiempo y su impacto en distintos contextos (casa, colegio, relaciones).

Mitos sobre el TDAH que conviene desmontar

"El TDAH no existe, es falta de disciplina" es probablemente el mito más repetido, y también el más alejado de la realidad: es un trastorno reconocido internacionalmente y con base neurobiológica. Tampoco es cierto que "solo lo tengan los niños": las niñas también lo tienen, aunque su presentación más inatenta hace que se reconozca más tarde o se confunda con otras cosas.

Otro clásico es pensar que "un niño con TDAH no puede concentrarse en nada". En realidad, muchas personas con TDAH se concentran de forma muy intensa en algo que les interesa de verdad; lo que les cuesta es sostener la atención en tareas que no les motivan. Y la idea de que "con la medicación ya está todo resuelto" también se queda corta: el acompañamiento psicológico y familiar suele ser tan importante como cualquier tratamiento farmacológico, cuando este último está indicado.

El rol de la psicología: qué puede aportar un proceso terapéutico

La Guía de Práctica Clínica del Ministerio de Sanidad sobre TDAH sitúa las intervenciones psicoeducativas y el entrenamiento a familias entre las primeras líneas de actuación en edad preescolar y escolar.

Un proceso terapéutico bien planteado suele trabajar en varios niveles a la vez. Con el niño o la adolescente, se trabajan la gestión emocional, las estrategias de organización y, muy especialmente, la autoestima: crecer escuchando "no te esfuerzas" o "eres un despiste con patas" deja huella, y desmontar esa narrativa es parte del trabajo. Con la familia, se revisan pautas de crianza, comunicación y manejo de límites que no pasen por el castigo constante. Y cuando tiene sentido, se coordina con el centro escolar para que las estrategias sean coherentes en los distintos entornos del niño o la niña.

La mirada de Alenar: acompañar sin etiquetar

En Alenar trabajamos la psicoterapia infantojuvenil implicando siempre a la familia en el proceso. No partimos de un único modelo ni de un "método para el TDAH": combinamos recursos de distintos enfoques (terapia de juego, herramientas de gestión emocional, trabajo sistémico con la familia) y los adaptamos a cada niño, cada adolescente y su contexto concreto. El TDAH no define a la persona; es una forma de funcionar que, bien acompañada, convive con una infancia y una adolescencia plenas. Puedes conocer más sobre cómo trabajamos en nuestro equipo.

Cómo acompañar en casa: lo que marca la diferencia

  • Mantener rutinas y estructuras previsibles: ayuda a un cerebro que se organiza peor por sí solo.
  • Dar instrucciones breves y de un solo paso cada vez, en lugar de encadenar varias órdenes.
  • Reforzar lo que se hace bien, en vez de centrar toda la atención en corregir lo que falla.
  • Validar la frustración del niño o la adolescente, y también la vuestra: el cansancio de acompañar un TDAH es real y no significa que lo estéis haciendo mal.
  • Evitar comparaciones con hermanos o compañeros: cada cerebro tiene su propio ritmo.

Si en casa reconocéis muchas de estas señales, no estáis solos ni lo estáis haciendo mal. Un TDAH bien acompañado no determina el futuro de un niño, una niña o un adolescente. En Alenar ofrecemos psicoterapia infantojuvenil adaptada a cada caso, implicando a la familia desde el primer momento.

Preguntas frecuentes

¿El TDAH tiene cura?

No se "cura" como una enfermedad puntual: es una condición del neurodesarrollo que se puede manejar muy bien con las herramientas adecuadas, y muchos síntomas se moderan con la edad y el acompañamiento.

¿Todos los niños con TDAH necesitan medicación?

No necesariamente. La decisión sobre la medicación es siempre clínica, la valora un profesional médico junto con la familia, y suele acompañarse de intervención psicológica.

¿El TDAH desaparece al crecer?

La hiperactividad motora visible suele suavizarse con la edad, pero en muchos casos persisten dificultades de atención, organización o impulsividad en la vida adulta.

¿Las niñas también tienen TDAH?

Sí. Su presentación suele ser más inatenta y menos visible, lo que hace que muchas veces se reconozca más tarde o se confunda con otras cuestiones.

¿Cuándo debo llevar a mi hijo o hija al psicólogo por el TDAH?

Cuando las señales se mantienen en el tiempo e interfieren de forma sostenida en el colegio, la familia o las relaciones, conviene pedir una valoración profesional.