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27 de junio de 2026

Ansiedad en adolescentes: señales y cómo acompañarles

Guida Timoner Rosal · Psicóloga General Sanitaria · Núm. Col. B-03264

Árbol inclinado por el viento bajo un cielo nublado con un rayo de luz al fondo. Simboliza la fortaleza para mantenerse en pie frente a la ansiedad.

La ansiedad en adolescentes tiene formas propias de manifestarse. Aquí encontrarás cómo reconocer las señales de alerta y cómo acompañar sin añadir presión.

La ansiedad en adolescentes es más común de lo que muchas familias imaginan, y a menudo se esconde detrás de conductas que parecen «cosas de la edad». Irritabilidad sin motivo aparente, negativas a ir al instituto, dolor de cabeza antes de un examen... A veces es la ansiedad hablando en voz alta.

Según la OMS y UNICEF (2024), 1 de cada 7 adolescentes de entre 10 y 19 años experimenta un trastorno mental, y la ansiedad se encuentra entre los más frecuentes. Lo que no siempre se explica es cómo se manifiesta en esta etapa de la vida, y por eso muchas familias se quedan sin herramientas para acompañar.

Lo que sigue es una mirada clara sobre cómo aparece la ansiedad en la adolescencia, qué señales conviene atender y qué pueden hacer quienes acompañan a un o una joven que lo está pasando mal.

¿Por qué la adolescencia y la ansiedad van tan de la mano?

La adolescencia es, por definición, un período de cambio intenso. El cerebro se está reorganizando, la identidad se está construyendo y el entorno social se vuelve más complejo y exigente. Todo eso junto puede ser un terreno fértil para que aparezca la ansiedad.

El córtex prefrontal —la parte del cerebro responsable de la regulación emocional y la toma de decisiones— no termina de madurar hasta los 25 años aproximadamente (Siegel & Bryson, 2012). Mientras tanto, el sistema límbico, que gestiona las emociones y las respuestas al peligro, está muy activo. Esa combinación explica por qué los y las adolescentes pueden reaccionar con más intensidad y les cuesta más bajar la guardia.

Un estudio publicado en Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health (2024), que analizó más de dos millones de personas de 10 a 24 años en Cataluña entre 2008 y 2022, encontró que los trastornos de ansiedad fueron la causa de salud mental más frecuentemente diagnosticada en ese grupo de edad, con un incremento sostenido durante todo el período.

Cómo se manifiesta la ansiedad en un adolescente

La ansiedad en adolescentes no siempre se parece a la de los adultos. Raramente llegan diciendo «me siento ansioso»: lo más habitual es que aparezca de forma más encubierta, somática o conductual.

Algunas de las formas más frecuentes en las que se expresa:

  • Síntomas físicos: dolores de cabeza o de tripa recurrentes, tensión muscular, fatiga, dificultades para dormir o dormir en exceso.
  • Conductas de evitación: negarse a ir al instituto, evitar situaciones sociales, dejar de hacer actividades que antes le gustaban.
  • Irritabilidad y mal humor: los y las adolescentes con ansiedad a menudo expresan el malestar a través del enfado o el rechazo.
  • Perfeccionismo y miedo al error: preocupación excesiva por los resultados académicos, necesidad de controlarlo todo.
  • Hipervigilancia social: miedo constante al juicio de los demás, dificultad para relacionarse con iguales, comparación continua.

Ninguno de estos síntomas por sí solo confirma nada. Pero cuando varios aparecen juntos o persisten en el tiempo, merecen atención.

Señales de alerta que no conviene ignorar

Hay situaciones en las que la ansiedad deja de ser algo pasajero y conviene buscar una valoración profesional:

  • El malestar interfiere con la vida diaria: no puede ir al colegio, ha dejado de ver a sus amigos o amigas, no duerme bien.
  • La persona expresa sentirse desbordada o sin salida de manera frecuente.
  • Aparecen conductas de riesgo (consumo de sustancias, autolesiones) como forma de gestionar el malestar.
  • Los síntomas físicos se repiten con frecuencia sin explicación médica.
  • Hay un cambio brusco en el rendimiento escolar o en las relaciones con amigos, amigas y familia.

Ante estas señales, la respuesta no es alarmar, sino acompañar. Buscar apoyo profesional a tiempo hace una diferencia real.

Qué pueden hacer las familias (y qué mejor evitar)

El papel de la familia es crucial, aunque a veces, sin querer, se puede añadir presión. Aquí van algunas ideas sobre qué ayuda y qué no.

Lo que sí ayuda

  • Crear un espacio donde el o la adolescente pueda hablar sin sentirse juzgado o juzgada.
  • Validar el malestar sin minimizarlo («entiendo que esto te resulta muy difícil») ni catastrofizarlo.
  • Mantener rutinas estables: el cuerpo y la mente del adolescente agradecen la previsibilidad.
  • Preguntar cómo está sin convertirlo en un interrogatorio.
  • Acompañar, no resolver: los adultos tendemos a querer arreglarlo y a veces lo que se necesita es presencia.

Lo que mejor evitar

  • Decirle que «no es para tanto» o compararlo con otros adolescentes.
  • Presionarle para que hable cuando no quiere o no está listo o lista.
  • Restarle importancia a lo que siente: aunque parezca desproporcionado, para él o ella es real.
  • Transmitir la propia ansiedad: los jóvenes captan la preocupación de los adultos, y eso puede amplificar la suya.

Cuándo es el momento de pedir ayuda profesional

No siempre es fácil saber cuándo dar el paso. Una buena pregunta orientadora: ¿esto está afectando a su vida de forma significativa y persistente?

Si la respuesta es sí —o si hay dudas— buscar una consulta con una psicóloga no es un recurso de último momento. Es una forma de acompañar al adolescente con el apoyo más adecuado, antes de que el malestar se cronifique.

Un dato que vale la pena tener presente: según una revisión publicada en BMC Psychiatry (2022), solo dos tercios de los y las adolescentes con trastornos de ansiedad buscan o acceden a ayuda profesional. Los principales obstáculos son el estigma, la dificultad para reconocer los propios síntomas y la sensación de que «debería poder solucionarlo solo».

La mirada de Alenar

En Alenar trabajamos con adolescentes y sus familias desde un enfoque integrador: tenemos en cuenta no solo lo que le ocurre al joven, sino también el contexto familiar, escolar y relacional en el que vive. Puedes conocer más sobre nuestra psicoterapia infantojuvenil en la página de servicios.

La ansiedad en la adolescencia rara vez es solo cosa del adolescente; en muchos casos, el trabajo con la familia forma parte fundamental del proceso. Desde un enfoque integrador, abordamos cada situación teniendo en cuenta a la persona en su totalidad: sus emociones, su cuerpo, su historia y su entorno.

Si crees que tu hijo o hija podría necesitar acompañamiento, o no sabes bien cómo ayudar, puedes escribirnos sin compromiso. Estamos en Manacor, y también trabajamos online cuando la situación lo requiere.

Preguntas frecuentes

¿Es normal que los adolescentes tengan ansiedad?

Sí. La ansiedad es una respuesta humana natural, y la adolescencia es una etapa en la que el sistema nervioso está especialmente sensible a los cambios. Lo que hay que valorar no es si existe ansiedad, sino si interfiere con la vida cotidiana del joven.

¿Cómo diferencio la ansiedad del nerviosismo propio de la edad?

El nerviosismo puntual (antes de un examen, de una actuación) es esperable y adaptativo. La ansiedad que merece atención es la que persiste, que aparece sin un desencadenante claro o que limita a la persona: evitando situaciones, sin poder descansar, con síntomas físicos frecuentes.

¿Los adolescentes pueden ir solos al psicólogo?

Depende de la edad y la normativa vigente. En general, en menores de 16 años se requiere el consentimiento de los tutores legales. Lo importante es que el adolescente sienta que el espacio terapéutico es suyo: confidencial y sin presión.

¿Qué hago si mi hijo o hija se niega a pedir ayuda?

No forzar. Se puede plantear la idea con calma, normalizando que ir al psicólogo es como ir al médico cuando algo duele. A veces el primer paso es que los propios padres consulten a una profesional para aprender a acompañar mejor.

¿La ansiedad adolescente desaparece sola con el tiempo?

En algunos casos los síntomas se alivian con los cambios del propio desarrollo. Pero si la ansiedad es intensa o persiste, esperar «a ver si pasa» puede hacer que el malestar se cronifique. El acompañamiento a tiempo marca la diferencia.